llovia, no me importaba, yo seguia sentada en esa banca del parque mojandome por completo...
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Miércoles, 15 de febrero de 2006
La niña que contaba estrellas e inventaba novelas con muñecas se ha hecho mujer, no recordaba muy bien cómo. Simplemente un día decidió aceptar como buenas todas aquellas teorías que su alma rechazaba.
Ahora trabaja en la ciudad, en un edificio hormigón, junto a otras 100 personas que aporrean, como ella, 100 teclados grises idénticos. A pesar de estar allí encerrada más horas que en ningún otro sitio que recuerde, de las 100 sólo diez personas saben su nombre, y apenas cinco de ellas saben algo más, muy poco más, de su vida. Están demasiado ocupadas con sus extraños trabajos como para preguntar nada. Nadie sabe lo que ocurriría si un día dejasen de teclear sus teclados grises, pero intuyen que debe ser algo terrible, y por ello se entregan con abnegación a esa dura tarea.
Al caer el dia emprende el camino a las afueras, tirada en el último asiento acalla el grito de su corazón repitiendo una y otra vez que esta en el camino bueno, el camino duro pero recto que le llevará a algún sitio. Ni idea de dónde, pero a algún sitio. Seguro.
Al llegar al barrio la pueden ver caminar con la cabeza agachada, sintiendo como la arena del reloj de la vida recorre sus entrañas, arañándolas como un mudo reproche.
No se atreve a levantar la cabeza porque tiene miedo a verlas ahí arriba, tiñendo el horizonte de sueños imposibles.
Esperando que algún día vuelva a ser la niña que queria hacer novelas famosas, a ser la niña que contaba estrellas.
MORTIEL...
Por: Elva Rubio | LITERATURA | Comentarios (0) | Referencias (0)