llovia, no me importaba, yo seguia sentada en esa banca del parque mojandome por completo...
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Martes, 28 de febrero de 2006
Las hormigas están acabando de devorar el cadáver del tigre de bengala. Era un hermoso ejemplar, fuerte, ágil y enorme. Las hormigas tardarán mucho tiempo en reducirlo a un montón de huesos irreconocibles, pero no importa, no tienen prisa, poco a poco, con paciencia, clavan sus diminutas mandíbulas en la carne, arrancando pequeños trozos que arrastran con paciencia y en silencio hacia la oscuridad del hormiguero. Es un trabajo sucio y pesado del que depende la supervivencia de toda la especie.
El tigre de bengala no hubiese podido entenderlo, era el mejor de todos, no tenia miedo a nada, ni necesitaba a nadie a su lado. Las hormigas eran seres estúpidos e insignificantes que el golpeaba y aplastaba sin piedad sin que ellas hiciesen nunca nada. Eran estúpidas y cobardes y, lo que es peor, eran débiles.
Un instante antes de morir el tigre de bengala comprendió su error. Una hormiga no es nada, menos que nada, es algo absolutamente prescindible. Su fuerza radica en el hormiguero, juntas actúan y piensan como un solo individuo con un único objetivo.
Juntas son invencibles.
Y eso es algo que ningún estúpido tigre de bengala podrá entender nunca.
Ahora están avisados.
Por: Elva Rubio | LITERATURA | Comentarios (0) | Referencias (0)