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Miércoles, 08 de marzo de 2006

LagrimAS+

No quisieron salir a corretear por las mejillas. No quisieron que las limpiaran pañuelos ni palmas de manos. Asomaron y se quedaron prendidas, mirando a un mundo hostíl, que las secaría hasta la muerte o las tiraría al vacío que hay en el fin del mundo. Decidieron dar media vuelta y volver. Dieron el aviso a la retaguardia y las últimas se giraron, confundidas, sin saber volver al útero lacrimal. La fila de hormigas de agua se adentró en la oscuridad, asustada, esquivando guerreros blancos y escondiéndose de plagas rojas. En su huída rastrearon el olor de sus compañeras, de las otras expediciones, buscaron en la superficie los surcos de su paso, cada vez más profundos. Sus madres, sus hermanas, sus amigas, disparadas al abismo por las penas demasiado grandes para llorarlas. Catapultadas en armas cargadas de silencios y accionadas al bajar la mirada. En su peregrinación de tiempo indeterminado llegaron a ese lugar mítico donde se parte el pecho. A la hondonada de la amargura, entrando en aquel lago de desconsuelo como un torrente, agitando toda la aflicción embalsada allí dentro, formando círculos concéntricos en la superficie del desánimo, haciendo ecos amplificados en la disolución de tristeza. Algunas gotas salpicaron el corazón con una emoción. Otras regaron la mente con un olor. Unas pocas y eficaces rociaron los receptores de la piel con el vestigio de una caricia. Y el dolor, evaporado desde el estanque de las penas, se condensó sin público en nubarrones de lágrimas, bastardas de la estirpe de los sentimientos.

Por: Elva Rubio | LITERATURA | Comentarios (0) | Referencias (0)

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