llovia, no me importaba, yo seguia sentada en esa banca del parque mojandome por completo...
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Jueves, 30 de agosto de 2007
Es cierto que a veces me planteo que es lo que debería y lo que no debería escribir.
No me planteo el lugar, es decir no me refiero al escribir aquí, o en mi libreta de notas; no me refiero a mostrar o ocultar o dejar algunas palabras al descubierto. No, no es eso; supongo que ya sabes a lo que me refiero con escribir.
Escribir sin más revés, así de simple, como siempre lo he hecho.
Es casi una cuestión de ritmo.
O quizás esté tratando de contarte sobre que temas debería escribir.
No lo sé últimamente, no lo sé.
Sólo tengo un desgano constante que disfrazo con una actividad intensa.
Actividad intensa por inercia.
Temas.
Pero a mí nunca me gusto usar la palabra tema, pues eso lo encuadra a uno.
Tema.
Me recuerda al colegio cuando nos decían “tema 1, capítulo tres, subrayen con rojo”
Yo nunca tuve tinta roja entre los lápices de mi estuche.
Creo que durante mi infancia consideraban que la tinta roja era agresiva.
Yo usaba un lapicero verde.
¿Te das cuenta de lo que quiero decir cuándo pienso en que es lo que debería escribir?
Es como todo esto que aquí te cuento, como las cosas de mi infancia, como las páginas de mi diario.
Es cierto, cada palabra, pero cuando lo veo aquí delante de mí ya no me la creo.
Lo dejo ir, se vuelve ficción.
No tiene mucho sentido. Por eso me pregunto a veces sobre lo de escribir estas cosas.
A veces creo que puedo escribir mil páginas de lo que pasó en un segundo.
Escribir la sensación de un pestañeo, describir mis venas y la sangre que corre como se ve en los libros de anatomía, podría escribir también sobre un punto que hay en el techo de mi habitación y a veces se convierte en todo lo que me rodea.
Escribir sobre partículas, puntos, arena, escribir sobre esquirlas.
No sé bien.
Hoy por ejemplo, esta misma tarde, me encontré sentada en ni cama sola.
Digo me encontré pues en esa cama había un espejo, muy viejo, como agrietado, entonces cuando me vi allí, dejé de ser yo y pasé de ser esa chica de camiseta roja (como la tinta que no tenía en la infancia) sentada allí.
Entonces yo me veía en el espejo y actuaba de una manera y era como esto que escribo, era un personaje.
Me encontré con esa chica de camiseta roja.
Me pedí una cerveza, pues así me vi por un instante en el espejo, bebiendo cerveza, pero ya sabes que a mí me gusta más el vino.
Cuando llegó la cerveza a mis manos y me vi en el espejo fue entonces la única realidad que existía y yo lo dirigía todo. Todo lo que sucedía a mi alrededor a través de ese espejo.
Tenía la sensación de que si me giraba, me convertiría en estatua de sal o lo vería todo negro, caería a un abismo.
Así que seguí metida en el espejo, huyendo de Sodoma y Gomorra.
La Biblia y el agua tranformada en vino, el milagro del pan y los peces, clavos, la sed de Cristo y vinagre.
Mi sed.
Bebía a sorbos grandes, hinchaba las mejillas y dejaba que la cerveza pasara por la estrechez de mi garganta, ese nudo que yo sé bien como hacer.
Es un nudo como de angustia, ese nudo que he aprendido hacer como los marineros, partiendo de esa sensación que yo conozco bastante bien: angustia.
Miraba el vaso inmenso, una pinta de cerveza, mi mano pequeña, casi de infante, no alcanzaba a rodearlo.
Lo sostuve con las dos manos y entonces abrí la garganta, rompí el nudo en un solo movimiento y di dos sorbos muy grandes, hasta un poco ruidosos, masculinos.
Sentí que el alcohol entraba en mis venas, sentí también el frío del líquido meterse dentro de mí, la espuma de la cerveza reventaba como olas contra las paredes de mi tracto.
Yo seguía ahí, ya se me había olvidado a que había
Era sólo el espejo y lo que sucedía ahí lo que era real.
Y el tracto, la sensación fría que ya llegaba a la boca de estómago.
De pronto se me dio por meter un dedo al vaso, humedecerlo y deslizarlo por el borde de aquella mesa vieja de madera.
Deslizaba el dedo por los filos de la madera, imaginaba que antes fue un roble inmenso, que alguna vez creció en algún bosque seguramente.
Esto es el norte del norte y a ratos veía el letrero luminoso mi cerveza un poco colorada, gruesa, . Norte igual, al fin y al cabo.
Y yo volvía al galope. Olor a hierba.
Escandinavia recorrida por mi dedo, los fiordos, iba y venía por sus contornos en mi tacto húmedo de alcohol que esparcía sobre la madera.
Alcohol, madera, whisky.
Hasta que de pronto algo me mordió.
Un duende, un hobbit, alguna de esas criaturas de algún bosque de robles, de abetos.
Una astilla de madera me cortó. La mesa se rajó un poco y pude en la grieta que dejó la astilla que tenía un poco de carcoma.
Eso se mezcló con mi sangre, unas cuantas gotas.
Carcoma.
Pensé que me carcomía, fueron dos segundos que me vi de madera, me imaginé que al tacto de unas manos como las mías me deshacía en pedazos.
Deshecha de deseo. Una cama revuelta, carcoma, amantes, prisas como la de las termitas al comerse la madera.
Al siguiente pestañeo, disimuladamente levanté la mano y me miré al espejo, y vi que el color de mi sangre reflejada ahí era de cobre.
Al levantar la vista, al ver mi sangre cobre brillante, vi también detrás de mí a alguien que me observaba.
Era a quien yo esperaba.
Entonces me giré y ya dejé de ver el espejo.
Caminé con cierto temblor, me volvía estatua de sal, todo se acababa.
Escondí mi dedo con sangre…con la otra mano abrí el portafolio, le mostré los documentos,ella también bebía una cerveza.
No me había dado cuenta de cuando élla llegó.
Pero lo había visto todo.
Entonces me pidió que le mostrase la mano que ocultaba, la mano del dedo cortado.
Con un gesto me dijo que mirara al espejo.
Entonces ahí nos vimos las dos mortieles. Ella metía mi dedo en su cerveza colorada y lo deslizaba nuevamente por la mesa, la herida se volvió a abrir.
Todo se volvió ficción.
Élla y yo y todo el resto en ese espejo.
Por eso me preguntaba, si debería escribir sobre lo que me pasó esta tarde.
Pues no se bien sobre que escribir.
Entonces escribo esto por que sí.
Una mínima parte de lo que fue ese juego rítmico de dos mortieles extrañas en un espejo.
Ficción.
MOrtiEL****
AQUI LES DEJO LA PIC D LA VIEJA MAS CHINGONA DE TODOS LOS TIEMPOS Y NO DE ESAS MAMADAS FASHIONS PINCHI MATERIALISMO PUTO, ESTA MORTIEL, Y ESTA ELVA QUE SE ENCONTRARON EN EL ESPEJO NO TIENEN QUE MOSTRAR IMAGENES PARA HACER ALGO IMPORTANTE O SENTIRSE IMPORTANTES,,, TARJA TARJITA SIN TI NIGTHWISH APESTA.... QUIERO MI MUNDO,,, QUIERO SER YO.... SOY YO...

Por: Elva Rubio | LITERATURA | Comentarios (2) | Referencias (0)
Yo tampoco sé si lo que escribo es ficticio, verdadero, vergonzoso, si significa algo o nada, o para qué lo hago.
Es la primera vez que te leo a tí, y no sé para que escribes, pero lo haces muy bien.
BRIXAASS | 30-08-2007 00:10:14
ahi nena si ke me haces leer jaajj
sabes ke te kiero muchonote vdd
yo se ke no paso seguido por aki pero ps buenoo ya sabe uno kon una vida tan okupada si tuu ajajaj ganas tengoo ..pero para ti siempre me dare el tiempoooooo sabes ke kuentas konmigooo ..........
kuidate bonitaa
besitosss
adiosin :D
Danielita.. | 30-08-2007 03:35:56