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MoRTIeL

Domingo, 30 de septiembre de 2007

sweetheart,, youre so cruel •

Dirás que fue la madrugada, por la ventana el resplandor, y en un segundo de desvelo, comprenderás esta canción. (Tatuaje. J. Drexler)



alguien me dijo hace no mucho que su meta (refiriéndose al escribir) era escribir como si estuviera muerto.

entonces le refuté, discutí y hasta traté de que cambiara la palabra "muerto" por "vivo" pues la verdad es que yo siempre he creído que la escritura lo vuelve a uno vivo, uno escribe para sobrevivir (porque no me queda otra), es un proceso vital porque se mueve, crece, se expande, muere, renace y hasta vuela. además de involucrar y envolver mi vida -aquella que muchos creen saber pero nadie en realidad la sabe-, el escribir está enredado con las cosas que están vivas y moviéndose alrededor y dentro de uno como si las envolviera una cálida placenta de ideas y un cordón umbilical lleno de tinta tibia.

- Escribir como si estuvieras muerto, quiero decir, que no te importe nadie.

la verdad es que desde hace mucho a mí no me importa nadie cuando escribo, ni yo misma, por eso, la unica relación perfecta que tengo hasta ahora es con la escritura.

cuando escribo, solo me importan las palabras, me importa que no se rompan, ni se deshagan, ni se diluyan pero me importa si rompen o deshacen o si diluyen mientras van cayendo una a una sobre el papel, tomándose de la mano, hablando entre sí y dibujando algo muchas veces tan definido que llega a ser afilado.

solo ellas me importan y solo ante ellas podría someterme, pero es cierto, sí, he de confesar que a veces borro líneas, recorto frases y ya estas alturas, después de todo, no es por pudor que lo haga, tampoco por caer en gracia con algunos, sino por puro miedo.

como el miedo que se le tiene a los espejos y al tiempo, todo conjugado, como si el miedo creciera con el tiempo como un animal multiplicado en los espejos y alimentado por las hojas del calendario, por las sobras de nuestros pasteles de cumpleaños.

y ese miedo nace en el fondo de mí misma, como una mancha de tinta, desde el mismo lugar de donde salen mis palabras, y ese miedo –ya lo dije - no es miedo a los demás que me leen, ni a la crítica, ni al fracaso, ni siquiera a la muerte, sino es el miedo a las propias palabras desbocadas delante de mí, todas puestas en fila convirtiéndose en desconocidas, explotando y las esquirlas cortándome.

como si escribiera la palabra "navaja" y tuviese ahora, delante de mí, cortándome dentro de los bolsillos un arma esperando a ser usada.

esperando a que haya un muerto en todo esto.

(puede que yo misma)

entonces.

esa vez dejé la conversación pero al parecer la frase no se movió de mi cabeza y hoy domingo aparece delante de mí, montada en un burro, entrando en mis templos, hechos de la roca dura de mis pensamientos, de mis ideas y de mis "lo digo porque sé que es así" y los derriba, poniéndome de rodillas mientras sostengo una ramita de olivo en el pico, sin la certeza de nada, queriendo ser una paloma de la paz, muy en el fondo, porque ya ha habido mucha guerra, porque he enfermado de cansancio y porque puede que haya perdido la noción de mi misma, hace tiempo queriendo ser un pájaro y me la he pasado así, picotenado, aprendiendo a volar con mensajes escondidos entre mis patas, con ramitas de olivo, amaestrada en rutas y horarios, con símbolos que la atan a algo, aprendiz de ave atrapada en ciudades y templos, y no como una de esa aves salvajes que siempre he querido ser, esas aves que aún nadie clasifica y mucho menos nadie ha podido observarlas con binoculares, aquellas que son ráfagas de colores, sueños de ornitólogos enamorados, llenos de pajaritos y perdiéndose en lo más oscuro de la selva.

y escribo esto ahora como si estuviera muerta, así como se mueren las palomas de la ciudad de cualquier cosa, de cansancio, de las rutas, del peso de los mensajes, o de mal de tanto ruído. y así muerta y de pie sobre mi propio cadáver que se pudre carcomido por todas esas palabras que no dije y que ahora son gusanos que se alimentan de los restos.

así escribo.

y me voy armando de otras: de dagas, de esquirlas, de sables.


(y por ahora las escondo en el bolsillo que me sangra)








esta tarde el viento trajo una niebla densa y púrpura que se colaba por las rendijas de las casas, por las grietas de mis paredes, atravesaba las heridas de mis puertas, el ojo inseguro de la cerradura sin llave, entraba por todas partes, esa neblina amarga como los remedios que curan la melancolía, contradictoria, rastrera, cegadora.


y me metí debajo de una manta y puse un disco como si quisiera escuchar a un cura exorcizar mi cadaver que ya está muerto mientras escribe, cayendome a pedazos oía a su vocecita dulzona y su guitarrita bien afinada como la puntería que mata, lo escuchaba y lo imaginaba escribiendo sus canciones ante una fila de hormiguitas rubias todas llevando al lomo terrones de azúcar, como si fuera tan simple todo, tan pequeñito y mínimo como alguna de sus canciones.


y saqué el disco del reproductor y lo arrojé al aire queriendo romperlo como un plato en una pelea marital, con mi marido imaginado que no existe.

lo arrojé porque y supe que en el fondo hay crueldad escondida en el más dulce de los actos, hay crueldad sin querer, vida mía, como las esquirlas de las palabras que me dan miedo cada vez que estoy viva y escribo, tan cruel como las hormigas rompiéndose el lomo por el azúcar, tan cruel como ser carcomida por tu propio credo.

hay una crueldad envuelta en un tul gris, en las letras y en la música aquella que yo nunca he cantado en el auto azul, ni el rojo, ni el blanco ni mucho menos cantaría en un concierto y ya hoy creo que con ni nadie porque esta tarde, ya lo dije, he muerto y así escribo. se me murió hasta la voz y me convierto en polvo carcomida por estas palabras, envuelta en esa neblina púrpura que trajo la tormenta y que se la va llevando poco a poco el viento.

y se la llevará la calma.

se puede ser cruel, de pronto un domingo, sin que uno se lo proponga como uno se propone una dieta el lunes o una borrachera el viernes.

se puede ser cruel,,, aún matándonose de ternura, cuando aquella ya no sirve, cruel como las fábulas dibujadas donde tienen que hablar los animales para hacernos entender la moraleja de todo esto y así enseñarnos a ser mejores humanos, tan cruel como cuando en los cuentos se ahoga en la olla hirviendo del azúcar el ratoncito perez que se casó con una cucaracha.




Oh love, like a screaming flower,
Love, dying every hour.
Love.


Oh love
to stay with you I'd be a fool
Sweetheart, you're so cruel




mortiel***

Por: Elva Rubio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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